La muerte como efecto secundario

Un hijo, su padre y una mujer infiel.
Una historia de amor y tragedia en un mundo posible, cercano y cruel, donde las ciudades están divididas en barrios tomados, barrios cerrados y tierra de nadie. El poder del estado es nulo, la violencia es permanente. Las cámaras de televisión están en todas partes; la vida y la muerte son, ante todo, un espectáculo. Los geriátricos -llamados “Casas de Recuperación”- ahora son obligatorios: un rentable negocio privado en una sociedad en la que no cualquiera llega a viejo.
El protagonista de esta novela, Ernesto Kollody, ha vivido la mayor parte de su vida a la sombra de un padre terrible. Viejo y enfermo, su padre es internado en una Casa de Recuperación, donde intentarán prolongar sin piedad su agonía. En respuesta a sus ruegos desesperados, Ernesto logra sacarlo de la Casa para ayudarlo a morir en paz. Pero ¿dónde está la famosa paz? ¿Será capaz de encontrarla ese padre feroz?
Ernesto relata esta historia en las cartas sin destino que le escribe a su ex amante, una mujer casada de la que sigue enamorado. La historia de su pasión clandestina se entrelaza con los acontecimientos del presente.
En esta novela, Ana María Shua indaga los límites de una sociedad sometida a un sistema económico despiadado. La manera en que conjuga los datos de la realidad con los de la ficción confirma un talento singular. A su implacable capacidad de observación se le suman la prosa despojada y precisa, el ritmo sostenido del relato y una estructura perfecta.
Sin lugar a dudas, La muerte como efecto secundario marcará un hito en la literatura y en la vida de cada uno de sus lectores.